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Las emociones y sus anclajes nos pueden ayudar mucho a hacer memorable la información que trabajamos en el aula, nos ayuda también a tener muy accesibles los datos dentro de nuestra cabeza.

Se trata de acompañar el aprendizaje, de la experiencia que surge al realizar un trabajo colaborativo, un proyecto de robótica con Lego o una actividad creativa.

Nuestro cerebro tiene básicamente tres áreas de trabajo. El cerebro rectiliano que es el que toma las decisiones vitales, su objetivo es la supervivencia, el cerebro neocortex que se ocupa del razonamiento y del cálculo y el cerebro límbico que es el encargado de gestionar las emociones y fijarlas en la memoria.

Cuando algo nos emociona, es el cerebro límbico el que trabaja. Si el proyecto con el que estamos en el aula entusiasma, cautiva y divierte, es este área del cerebro el que fija la información, los datos y el aprendizaje.

Hay muchos estudios en neuromarketing que relacionan esta región del cerebro con la toma de decisiones, pero en educación puede llegar a ser una gran herramienta de aprendizaje.

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